Somos hijos de la prisa. Nada más nacer tenemos ansias de crecer, de ser “grandes” o “mayores”. Queremos articular nuestras primeras palabras, dar nuestros primeros pasos... creemos que apurando tiempos alcanzamos más y más libertad.
En la infancia añoramos ser adolescentes. Soñamos con hacer lo que hacen aquellos chavalotes con granos y bigote incipiente, aquellas muchachotas adornadas con las más llamativas “pinturas de guerra”. Los intuimos como “seres libres” que entran y salen de dónde quieren y hacen lo que les viene en gana.
La pubertad nos hace todavía más torpes e inquietos. Vamos de un lado a otro con nuestra tontería característica, creyéndonos el ombligo del mundo, con prisas y a lo loco sin saber adónde nos dirigimos. Debemos de ganarle al tiempo, fumar lo antes posible, pillarnos las cogorcias que sea necesario, probar todo lo que se ponga a nuestro alcance y que nos parezca transgresor, coquetear con lo prohibido, pisotear las normas básicas de convivencia, marcar nuestro territorio expulsando a cualquier otro bicho viviente...
Sí, somos hijos de la prisa... y la prisa es la madre de la imprudencia. Somos imprudentes por naturaleza. La mayoría del tiempo que vivimos lo pasamos ansiando lo qué está por llegar sin disfrutar lo que realmente toca vivir. Tenemos que llegar antes como sea, y si se puede ser los primeros. La sociedad y nuestros genes nos lo demandan. Morir en la carretera, atravesando las vías del ferrocarril, atajando por lugares peligrosos... ¿Cómo vamos a perdernos el pitido inicial del partido de “La Roja”? ¿Qué pasará si abre la discoteca sin estar nosotros a la puerta? ¿Pondrán las copas en los bares sin estar nosotros? Tenemos que beber a borbotones todo lo que nos ofrece el mundo. Cuánto más mejor... y para eso tenemos que ser rápidos, esquivar obstáculos, quebrantar las reglas... hay que pisar el acelerador a fondo circulemos por dónde circulemos... y ¡qué se aparten!
Somos hijos de la prisa... hasta que nos hacemos ancianos. Ahí se acaban las prisas para dejar paso a la paciencia. Al deseo de congelar el tiempo. A la contemplación. Será ahí, si llegamos, cuándo nos daremos cuenta del mucho tiempo que hemos malgastado queriéndole ganar la carrera al reloj... el reloj corre demasiado, la única manera de ganarle es disfrutando de su tic-tac con toda la intensidad que podamos, quemando etapas.
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martes, 29 de junio de 2010
lunes, 28 de junio de 2010
De nuevo en La Habana...
La Habana me recibe como siempre, con una bocanada de aire cálido. A mi llegada al hotel, en Pleno Parque Central, compruebo que aquí el ritmo cubano, lento y apacible, sigue mandando sobre el reloj y las prisas. La gente va y viene, juega entre las plantas, descansa a la sombra y llena de voces la bonita escena que se puede contemplar desde mi ventana.
Bajo a la calle para tomarme algo fresco. Me entretengo un rato con los cazaturistas, son inevitables, pero enseguida se dan cuenta del “caso perdido” que tienen delante y no insisten, hay muchas “presas” por todas partes. Me detengo en el Hotel Inglaterra para seguir observando a la gente, me fascina sentarme a ver pasar la vida. Las bailarinas entran al Gran Teatro por la puerta lateral, es hora de ensayo. Por la entrada principal, veo salir las filas de niños y niñas uniformados entre gritos y sonrisas. La “película” me gusta y decido no moverme de ahí. Pido comida y planifico el tiempo de mi estancia.
La Habana hay que vivirla. Aquí no se encontrarán prestigiosas colecciones de arte ni magníficos museos... aquí se debe vivir la ciudad. Al rato, caigo en la cuenta de que no hay nada qué planificar, haré lo de siempre. Invertiré mi tiempo en callejear La Habana Vieja, Miramar, Vedado... Me tomaré “no sé cuántos” cafés en la Plaza de la Catedral, algún que otro mojito... e incluso me iré a dar un chapuzón a las Playas del Este. Es como volver a casa, la única incógnita es a quién me tocará conocer esta vez... Leer más...
Bajo a la calle para tomarme algo fresco. Me entretengo un rato con los cazaturistas, son inevitables, pero enseguida se dan cuenta del “caso perdido” que tienen delante y no insisten, hay muchas “presas” por todas partes. Me detengo en el Hotel Inglaterra para seguir observando a la gente, me fascina sentarme a ver pasar la vida. Las bailarinas entran al Gran Teatro por la puerta lateral, es hora de ensayo. Por la entrada principal, veo salir las filas de niños y niñas uniformados entre gritos y sonrisas. La “película” me gusta y decido no moverme de ahí. Pido comida y planifico el tiempo de mi estancia.
La Habana hay que vivirla. Aquí no se encontrarán prestigiosas colecciones de arte ni magníficos museos... aquí se debe vivir la ciudad. Al rato, caigo en la cuenta de que no hay nada qué planificar, haré lo de siempre. Invertiré mi tiempo en callejear La Habana Vieja, Miramar, Vedado... Me tomaré “no sé cuántos” cafés en la Plaza de la Catedral, algún que otro mojito... e incluso me iré a dar un chapuzón a las Playas del Este. Es como volver a casa, la única incógnita es a quién me tocará conocer esta vez... Leer más...
martes, 22 de junio de 2010
Me van a investigar...
Parece ser que la UE ha aprobado un programa de vigilancia y recolección sistemática de datos personales de ciudadanos sospechosos de experimentar un proceso de “radicalización”, se puede leer aquí
En fin... me van a vigilar. Ya nos vigila casi todo el mundo. Google, facebook... Hacienda (aunque no a todos, pero a mí sí)... y ahora la UE. El Gran Hermano nuestro de cada día. A saber lo qué se entiende por "radicalizarse", pero seguro que lo qué yo pienso y lo qué defiendo es "radical", vamos... fijo que sí. Me temo que a partir de hoy tendré que mirar a cada rato a mi espalda por si me han puesto un espía... anda que... Leer más...
En fin... me van a vigilar. Ya nos vigila casi todo el mundo. Google, facebook... Hacienda (aunque no a todos, pero a mí sí)... y ahora la UE. El Gran Hermano nuestro de cada día. A saber lo qué se entiende por "radicalizarse", pero seguro que lo qué yo pienso y lo qué defiendo es "radical", vamos... fijo que sí. Me temo que a partir de hoy tendré que mirar a cada rato a mi espalda por si me han puesto un espía... anda que... Leer más...
lunes, 21 de junio de 2010
Saramago
Confieso que no era mi escritor favorito, aunque muchas de sus obras me parecen excelentes y era dueño de un estilo propio a la hora de narrar. Tampoco compartía muchas de sus teorías políticas aunque militásemos en la misma corriente de pensamiento marxista, nos separaban grandes abismos en ciertas cuestiones fundamentales. Aún así reconozco su grandeza, era grande... muy grande.
¿Cómo es posible contemplar la injusticia, la miseria, el dolor sin sentir la obligación moral de transformar eso que estamos contemplando? Cuando observamos a nuestro alrededor vemos que las cosas no funcionan bien: se gastan cifras exorbitantes en mandar un aparato a explorar Marte mientras cientos de miles de personas no tienen para alimentarse. Por un cierto automatismo verbal y mental hablamos de democracia cuando en realidad de ella no nos queda mucho más que un conjunto de ritos, de gestos repetidos mecánicamente. Los hombres, y los intelectuales en tanto ciudadanos, tenemos la obligación de abrir los ojos.
Pues eso... abramos los ojos. Leer más...
¿Cómo es posible contemplar la injusticia, la miseria, el dolor sin sentir la obligación moral de transformar eso que estamos contemplando? Cuando observamos a nuestro alrededor vemos que las cosas no funcionan bien: se gastan cifras exorbitantes en mandar un aparato a explorar Marte mientras cientos de miles de personas no tienen para alimentarse. Por un cierto automatismo verbal y mental hablamos de democracia cuando en realidad de ella no nos queda mucho más que un conjunto de ritos, de gestos repetidos mecánicamente. Los hombres, y los intelectuales en tanto ciudadanos, tenemos la obligación de abrir los ojos.
Pues eso... abramos los ojos. Leer más...
viernes, 18 de junio de 2010
El beso del cínico
Anoche ví el último capítulo de la 6ª temporada de House. Pasé varios días evitando a la gente que sigue la serie para que no me contaran nada. Como siempre, el doctor más cínico de la tele nos regala frases célebres, y la ejecución técnica del capítulo es perfecta, grabado por primera vez, con una cámara de fotos. La trama es desconcertante, House se mueve entre sus dos personalidades, la cínica y la sensible. Mantiene su cinismo con Cuddy y su equipo, mientras que muestra su lado más sensible ayudando a la chica que está atrapada en el edificio derruído.
House viene a confirmar algo que siempre he pensado: a todo cínico cuándo se le quita el caparazón se convierte en un romántico. Sí, el cinismo es una defensa, yo la practico. Ser cínico nos hace sentirnos protegidos. Pero el cinismo pesa, incluso duele, es imposible practicarlo eternamente.
House sufre en el episodio una crisis de cinismo. La chica atrapada, la noticia de la inminente boda de Cuddy (su gran dolor, incluso más fuerte que el de su pierna, es su amor por ella), verse retratado en las palabras de su amada cuándo le abronca por su terquedad a la hora de asumir la amputación de la pierna de la chica... hacen que House entre en crisis y nos regale su "otro yo". El House que siente, padece y sufre por los demás... El House que es capaz de abandonar sus adicciones y olvidar sus dolores a cambio del beso de la redención... Precioso final, aunque suene cursi. Leer más...
House viene a confirmar algo que siempre he pensado: a todo cínico cuándo se le quita el caparazón se convierte en un romántico. Sí, el cinismo es una defensa, yo la practico. Ser cínico nos hace sentirnos protegidos. Pero el cinismo pesa, incluso duele, es imposible practicarlo eternamente.
House sufre en el episodio una crisis de cinismo. La chica atrapada, la noticia de la inminente boda de Cuddy (su gran dolor, incluso más fuerte que el de su pierna, es su amor por ella), verse retratado en las palabras de su amada cuándo le abronca por su terquedad a la hora de asumir la amputación de la pierna de la chica... hacen que House entre en crisis y nos regale su "otro yo". El House que siente, padece y sufre por los demás... El House que es capaz de abandonar sus adicciones y olvidar sus dolores a cambio del beso de la redención... Precioso final, aunque suene cursi. Leer más...
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